martes, 19 de enero de 2016

Un pez llamado Wanda / Buscando a Nemo

Fresh Fish: Dícese de aquel o aquella mindundi que llega a Nigeria con ojillos de cordero degollado y actitud de ídem. Este personaje o personaja adolece de una capacidad innata y sobrenatural para ser timado, estafado y confundido por los locales. Esta condición se cura con de dos a tres meses de reposo en suelo nigeriano y con dósis diarias de collejas vitales.





Hola, buenas, ¿Qué tal todo? Mira, oye, soy tu vida, y estaba aquí yo, medio aburrida y pensando en mis cosas, y he dicho, pues si a este chico hace tiempo que no le doy un poco de marcha. Y nada, que me he puesto manos a la obra y que te mando un año a trabajar a la capital de Nigeria, Lagos. Tu no te rayes, que un añito se pasa en seguida, por cierto, detallito, nada, minucias, naderías, insignificancias, que te decía que no hagas mucho a lo que leas por ahí. ¿Has oído hablar del ministerio de exteriores de España? ¿Sí? Bueno, pues tu pasa... que esa gente no sabe mucho de qué habla. ¿Su página web? Nah... ni molestarse, tu a lo tuyo, no hace falta que te metas en la su web. Que no hombre, que no. ¿Pero quién va a saber lo que te conviene mejor que yo? Tu sobre todo no te metas en la página...

"SE DESACONSEJA EL VIAJE SALVO POR RAZONES DE EXTREMA NECESIDAD. EN TODO CASO, SE DEBERÁN EVITAR DETERMINADAS ZONAS.


Nigeria es un país peligroso desde el punto de vista de la seguridad."

Huevos por corbata modo ON. 

Tres meses después...


Simón, Álvaro y yo practicamente nos acabamos de conocer, pero llevamos seis horas de vuelo hablando sin parar, nerviosos, un poco asustados pero también muy emocionados. Afortunadamente nada más cruzar la línea de seguridad nos encontramos a nuestro ángel guardián, Azahara, una chica sevillana que básicamente va a conseguir que no seamos degollados asesinados secuestrados que sobrevivamos a nuestros primeros días allí. Nos explica que una vez en el aeropuerto de Nigeria hay que ignorar a todo el que te quiera parar o hablar según salgas del finger que conecta el avión con el mundo exterior. Nos da nociones de cómo rellenar los impresos sobre salud (este incluye una casilla en la que tienes que indicar si te ha salido sangre de algún orificio corporal durante el último mes) y de inmigración. 

Una vez aterrizados Azahara sale corriendo como sí regalaran I-phones a la salida del aeropuerto, y nos exhorta a hacer lo mismo. Corremos. Corremos por nuestras vidas. Corremos por nuestras familias. Corremos porque los demás no-nigerianos corren. Corremos, no sabemos porqué, porque no ha habido tiempo de explicaciones, pero corremos.

Al final de esta carrera nos esperan dos personas con un cartel con nuestros nombres escritos. El primero es el chófer de la embajada, Taiwo, un nigeriano bajito, callado, de edad indefinida entre los 35 y los 100 años, con los hombros caídos, que me inspira más miedo que Conán el bárbaro puesto de metanfetamina en un brote psicótico. Taiwo no habla casi nunca y siempre parece estar riéndose de nosotros, pobres diablos blancos, desde un plano moral superior, pronto aprenderemos a respetarle y a entender su inglés inconexo y embarullado. 

La otra persona que le acompaña es una mujer de protocolo, que ha venido a hacernos más fácil el proceso. Al verla me siento como si la representación corporea de África hubiese venido a recibirme. La mujer es grande, inmensa, lleva un vestido de tela estampada y colores brillantes, adornado con unas sandalias nada protocolarias. por supuesto tiene la piel negra y brillante y se mueve con una languidez y una desidia calculada y completamente displicente. Nos da la mano como con pereza y se mueve lenta, como la deriva continental. Nos guía a través de varios procesos burocráticos bastante incomprensibles en los que entregamos una serie de papeles, nos acompaña a la salida de equipaje (Una sola cinta que funciona a una velocidad tal que Simón casi queda absorbido por la fuerza centrípeta). nos ayuda a cambiar dinero (Nuestros primeros 200 euros pasados a nairas parecen un fajo propio de un contrabandista de metanfetamina mejicano) y, lo más importante, evita que nos abran las maletas y nos requisen el lomo, el queso y el jamón que llevamos dentro. Todo esto lo consigue con unas palabras pronunciadas con la desidia más infinita que se pueda imaginar, como si le importara un bledo nuestra suerte. Yo empiezo a sospechar que esta es la manera de manejarse aquí, con suprema indiferencia, para que te hagan caso o te dejen en paz.


La pequeña guerra de voluntades entre el policía de metro noventa armado con un rifle semiautomático y la oronda mujer de protocolo se decanta en favor de la segunda. En realidad sabemos que por un puñado de nairas el policía nos dejaría quedarnos con nuestros alimentos ilegales, pero mejor empezar con buen pie. La mujer se despide y Taiwo nos deja solos advirtiéndonos que no nos vayamos con nadie. A la salida del aeropuerto hay decenas de hombres y algunas mujeres, ofertando taxis y y transporte a la ciudad, la mayoría apoyados sobre un cartel que prohibe apoyarse sobre ese muro en particular.

Taiwo nos acompaña al coche (Blindado) de la embajada y empezamos a recorrer la noche nigeriana, lo primero que sorprende es la poca cantidad de luces en la ciudad, sin farolas y con pocos hitos luminosos en nuestro recorrido por lo que suponemos es el centro de la ciudad. Conjeturamos que una zona particularmente oscura debe ser la famosa laguna de Lagos (Donde hay una población que vive su vida entera sobre balsas en el agua) y nos sorprendemos con la manera de conducir de los lagosianos (Soy fan del gentilicio desde ya). Afortunadamente es tarde y no hay mucho tráfico (Este trayecto de cuarenta minutos puede dispararse a dos horas y media en hora punta según nos cuentan).

Mientras nos llevan hablamos entre nosotros; suponemos, conjeturamos y elaboramos teorías sobre lo que vamos viendo. Marco Polo, Colón, Livingstone, Amundsen, Vespucio y Magallanes se ríen de nosotros desde algún lugar, divertidos de que a nosotros esto nos parezca una aventura, ya que al fin y al cabo vamos a tiro hecho, pero nosotros nos sentimos grandes y valientes.

Como el pez de colores se siente valiente en la pecera.


Pero aún no le hemos visto los dientes al tiburón, ni nos han soltado en el Gran Azul. Atravesamos dos controles de "seguridad" (tres hombres de uniforme dormitando en una silla que se levantan sin ganas para "comprobar" nuestro maletero, "comprobar" porque llevamos siete maletones que podrían llevar toneladas de explosivo plástico) y entramos en lo que será nuestro nuevo hogar; 1004 states

1004 states es como si te llevaras a la costa africana una urbanización de edificios de apartamentos de los años setenta de Benidorm, solo que rodeado por lo que parece una calle de las barranquillas en Madrid por un lado, y una avenida transitada junto a un canal que podría pasar por Miami al otro. Hay mucha vida en nuestra urba, tanto de día como de noche, mucha gente andando por la calle, sentada en los coches, guardias de seguridad en cada puerta charlando amodorrados, drivers echando un sueñecito en los coches o limpiándolos por las mañanas... la mayoría de las personas son de raza negra, pero también vemos indios, árabes, asiáticos y algún que otro blanco. Utilizaría "Occidental", pero dado que estamos en el mismo meridiano que España eso me parece incorrecto, Norteño dejaría fuera a los australianos y neozelandeses y Primer mundo suena odioso y prepotente. Así que me quedo con blanco, porque aunque no es del todo exacto, (Algunos asiáticos de aquí me hacen parecer Morgan Freeman) es lo que va a definir el resto de mi estancia aquí.

Y aquí nos dejo, a la puerta del que será nuestro hogar durante los siguientes once meses.


2 comentarios:

  1. Mozo! Se te echa de menos. Queremos post dedicado a gastronomía autóctona y una secuela dedicada a tráfico intestinal. Y sobre todo que dediques una sección a cosas qye aquí no existen y otra a cosas grotescas que vayas recopilando. Maravilla!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Majuco!

      Tiempo al tiempo, que acabo de empezar! Pero de todo habrá, ya os iré contando. Besis!

      Eliminar