miércoles, 10 de febrero de 2016

Drive

Goslow: Maravilloso término pidgin increíblemente gráfico e imaginativo que se traduce como "atasco" (Go - slow). Ejemplo perfecto de como el inglés pidgin (Broken english) reduce los términos a su mínima expresión saltándose palabras o inventándose unas nuevas que tienen mucha más lógica, porque lo de "mermelada de tráfico" (Traffic jam) ni tú ni yo ni nadie le hemos visto nunca el sentido. En Lagos uno se suele encontrar una media de 4 o 5 goslows diarios, haciendo que trayectos de 4 kilometros tomen entre 20 o 30 minutos si tienes el día malo. Nunca me quedó muy claro por qué tenían siquiera un término para esto, ya que es el estado normal de la mayoría de las calles más o menos principales de la ciudad.



Un par de semanas antes de irme de Madrid cometí el error de perder un par de mañanas en tráfico para sacarme el carnet de conducir internacional. Por entonces ignoraba tres cosas:


  1. Tal carnet no es 100% internacional, por lo visto solo es válido para los países de la OCDE, o de la ONCE o de la MILF o algo así, en todo caso Nigeria NO es uno de ellos.
  2. El único carnet que necesitas enseñarle a un policía nigeriano para que te permita seguir conduciendo tiene la cara del presidente por un lado y el número 1.000 por el otro, y normalmente hay que acompañarlo de otros nueve o catorce amigos.
  3. Cuando decían que el tráfico de Lagos es una locura, no bromeaban, es como si rodaras una película de David Lynch en el infierno con Charlie Sheen de protagonista puesto de coca.




Para empezar hay que recordar que los indicadores luminosos de los coches en Nigeria sirven para iluminar en Navidad y poco más. Pero no preocuparse, porque son sustituidos perfectamente por un elemento mucho menos presente en las carretera españolas: el claxon. Imaginemos que para girar a la derecha tocas el claxon, para girar a la izquierda tocas el claxon, para adelantar tocas el claxon, para pedir paso tocas el claxon, para avisar de que vienes tocas el claxon, para advertir a los peatones tocas el claxon, para preguntar por una calle tocas el claxon... Esto ya da una idea del nivel de contaminación acústica reinante. Pero no solo los coches hacen ruido (El 50% de los coches que se ven por aquí son todo-terrenos con motores muy ruidosos, nada de coches eléctricos), los conductores se increpan unos a otros gratuitamente, los mendigos suplican, los peatones se llaman de un lado a otro de la acera y los vendedores proclaman sus mercancías.

Porque el asfalto no solo es territorio de los coches en Nigeria, los peatones lo usan más o menos con la misma asiduidad que las aceras (Aunque lo cierto es que estas muchas veces brillan por su ausencia), cruzan la calle prácticamente sin mirar (No en vano se oye que el atropello es la mayor causa de muertes en Nigeria, por encima de Boko Haram, la malaria o el nuevo disco de Alejandro Sanz. Y los vendedores prácticamente nunca abandonan el asfalto; mujeres con cacahuetes en la cabeza, con plátanos en la cabeza, con carne adobada en la cabeza, con pan bimbo en la cabeza... los hombres llevan una extraña estructura en forma de escalera en los brazos, con los productos siempre en el mismo orden; los cigarrillos arriba, luego los chicles, luego los caramelos para la garganta y finalmente todas las variedades imaginables de mentos en la parte inferior.

También hay otros que venden bolsas de patatas fritas, bebidas y en una ocasión vimos a un hombre con una cacatúa a la venta en una jaula. Culebrean y se juegan la vida entre los coches (les hemos visto correr descalzos cuando el tráfico arranca durante más de doscientos metros para cobrar un producto vendido) compitiendo con la otra fauna del asfalto; los suplicantes.

Las primeras semanas hicimos la identificación de los principales grupos de suplicantes:


  1. Anciano ciego con niña lazarillo como complemento: Probablemente los menos molestos, se limitan a tratar de dar pena repitiendo un salmo una y otra vez con la mano extendida, la niña trata de mantener al máximo el contacto visual, mientras el hombre todo lo contrario (Que se supone que es ciego, leñe).
  2. Niño inválido en silla de ruedas empujada por supuesto progenitor o niño levemente más mayor. Su nivel de insistencia es un poco mayor que el de los anteriores, algunos exhiben pequeñas (O grandes) taras físicas y si hace falta meter un muñón por la ventanilla o una pustula por un ojo pues se mete.
  3. Niño limpiacristales. El equivalente al señor ensuciacristales español, solo que este no tiene pinta de haber pasado la secundaria. Dispara su agua y luego pregunta. Lo peor es que suelen ir en grupos grandes y si se te ocurre darle dinero a uno (No se nos ha ocurrido, pero hemos oído historias) se lanzan en manada hacia ti.

A todo esto hay que añadirle carros, motos, alguna bicicleta y hasta algún vehículo de tracción animal de cuando en cuando. Y no olvidarse del otro rey de la pista; el Quequé. El quequé no es sino el equivalente al tuctuc asiático de toda la vida, ese motociclo de tres ruedas con una posibilidad de mortalidad del 101% con airbags delanteros en la forma de la nuca del conductor, normalmente un nigeriano escuchimizado y bajito. Estos aparatos van mucho más deprisa que los coches y se meten en cualquier hueco que pueden, convirtiendo carreteras de dos carriles en carreteras de tres o cuatro.

Ququé nigeriano VS Quequé español

Con este panorama parece claro que conducir si no has nacido y crecido en este caos es misión imposible, más que embutir a Falete en un trikini. Los ceda el paso no existen, ni las limitaciones de velocidad (Ni tampoco hacen falta, porque con el tráfico que hay poner la cuarta es una entelequia del tamaño de comprender la teoría de cuerdas), los stop se fueron a por tabaco y nunca volvieron, y aunque los semáforos si que tienen cierto valor disuasorio pueden ser ignorados cuando no hay un policía de tráfico cerca. La regla es que cuando se entra en una rotonda o en un cruce tiene prioridad el que entra por la derecha tiene los cojones más gordos y se lanza a lo loco. En Nigeria no se cede el paso, en Nigeria se juega el paso a los dados con la muerte.

Con todos estos elementos se hace imprescindible la figura del driver para el recién llegado. El driver te lleva y te recoge, te espera mientras estas trabajando, te va a por tabaco, a comprar la compra, a llevar el coche al taller y a la ITV y no te plancha porque normalmente tienes a otra persona que te lo hace. ¿Idílica situación? En principio sí, pero también viene con sus handicaps; al final es como tener un hijo tonto, que te pide que le aumentes la paga, te mete en sus problemas personales, se lleva comisión del dinero que le das en cuanto no miras, te roba el coche y se marcha cuando ya estabas orgulloso de él y de cómo le habías moldeado. Cuando llegamos aún no lo sabíamos, pero ese año romperíamos el record de chóferes en un año de los becarios (Que ya se encontraba en el respetable número de 8 chóferes en un año).

Pero la experiencia de tener servicio sin haberlo tenido antes y sin tener demasiadas ganas de tenerlo da para otro capítulo entero. Y es que cuando tienes a alguien haciendo las cosas que tendrías que estar haciendo tú, se genera tal espiral de dependencia y absurdez que al final no sabes quién está a sueldo de quién.

Esto es lo que pasa cuando el camión de la basura lo conducen menores de 15



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