martes, 27 de diciembre de 2016

In the end / Elastic Heart / Skyfall

Babalawo: mago, brujo, encantador, chamán, santero. 


Vemos un despertador analógico de los mecánicos antiguos, el minutero avanza hasta las siete en punto y empieza a sonar.Se abre plano; Guillermo se levanta de su cama de un salto con un rictus sonriente en el rostro. Corre las cortinas con un tirón energético. A escasos metros de la ventana vemos un edificio derruido, sin cristales en las ventanas. Un nigeriano esquelético en ropa interior tira un cubo lleno de agua sucia por el balcón, levanta la mano sonriente y Guillermo le responde extasiado. Vemos como se da la vuelta, se quita la camiseta empapada de sudor y se dirige, siempre sonriente, al pasillo. Llega hasta la puerta del baño de donde vemos salir a Simón con el mismo rictus extasiado, lleva una toalla anudada a la cintura, el pelo de punta y le sale un humillo de la coronilla, tiene un ligero tic en el ojo. Seguimos ahora a Simón que avanza hasta el otro extremo del pasillo, llega al salón, en donde vemos un bulto de mantas que se revuelve sobre un sofá. Al llegar a la puerta de la cocina, el siempre sonriente simón aspira profundamente, saca una pinza, y se la pone en la nariz antes de entrar en la cocina. La cámara hace travelling hasta el bulto de mantas que se vuelve a agitar y de dentro aparece Álvaro con cara somnolienta, se levanta, coge un bote de relec antimosquitos y se lo echa por los sobacos y el torso como si fuera desodorante. Se dirige también al baño pero de otra puerta aparece una nigeriana despampanante en un picardías que enseña más que cubre y sin sujetador, Álvaro se le queda mirando mientras ella llega hasta uno de los sofás, enciende la tele y pone a las Kardashian. En ese momento un señor suizo sale también del pasillo con un maletín en la mano, se acerca a darle un beso a la nigeriana y sale por la puerta de la calle. Lo vemos bajar por las escaleras, salir al exterior, girarse y saludar, la cámara sube y vemos como la nigeriana, Álvaro, Simón y Guille saludan alegres desde el balcón. Fundido a negro, musiquilla buenrollera y títulos de crédito: APARTAMENTO PARA CINCO.

No, no me he metido ninguna extraña droga africana, esto es una dramatización de lo que fue nuestra última semana en Nigeria. Todo empezó cuando decidimos que el mítico piso de 1004 que los becarios llevaban habitando por generaciones y generaciones, había llegado al límite de su vida útil, y aunque le teníamos mucho cariño, las diversas fallas estructurales amenazaban hacerlo peligroso para el ser humano o el becario medio. Después de luchar a muerte contra la oficina comercial por un presupuesto digno, visitar media docena de horrendo y a la vez carísimos pisos, encontramos un apartamento estupendo, con piscina y una ubicación estupenda.

¿Que por qué nos mudábamos a una semana de terminar el año de la beca? Pues básicamente porque en aquel entonces éramos jóvenes, idealistas y soñadores, que querían dejar un futuro mejor para los nuevos becarios.


Lo que no nos imaginábamos es que al llegar al piso el día de la mudanza nos encontraríamos con una chica en una de las habitaciones. Isabela (nombre artístico, en realidad se llamaba Favour), una nigeriana de 21 añitos medio estudiante de farmacia, medio modelo, medio pilingui, y su novio Benjamin (Un suizo treintañero y panzón que la tenía todo el día metida en casa viendo Netflix hasta que él llegara a la nueve de trabajar) había llegado a un acuerdo con el dueño para alquilar una habitación durante diciembre, solo que el casero se había olvidado de comentarnos ese pequeño detalle. La misma tarde que nos mudamos, un subidón de energía hizo saltar los plomos y reventó la mayoría de las bombillas y todo lo que estuviera conectado. Los aires acondicionados cayeron esa misma noche, tuvimos que dormir con las ventanas abiertas y nos acribillaron los mosquitos. La nevera se estropeó y empezó a oler fatal, convirtiendo la cocina en zona restringida. Aunque parezca increíble la ducha daba descargas eléctricas pero los enchufes dejaron de funcionar. Al amanecer descubrimos que el edificio de enfrente estaba abandonado y habitado por los curritos de nuestro compound y los compounds adyacentes.Y aún así el piso era una mejora sustancial respecto al anterior.



Si esto nos hubiera pasado los primeros días en Nigeria hubiéramos salido de allí por patas, pero después de 12 meses (8 para los menos afortunados) nos lo tomamos con filosofía, unos más que otros (yo dije que no pasábamos allí una noche más, menos mal que no me hicieron caso). En unos días ya nos habíamos hecho con nuestros nuevos compañeros de piso (creo que ayudó que Isabela saliera a abrir la puerta en picardías hechos con la tela de un babero y que jamás la viéramos con sujetador) y dimos la murga al casero hasta que fue solucionando todos los pequeños (y no tan pequeños desperfectos). Porque Nigeria es lo que tiene, que curte y que desarrollas la paciencia. Total, que al final nos lamentamos de no habernos mudado antes.



Y es que Nigeria es el destino de las expectativas bajas. Llegas pensando que vas a morir devorado por un tiburón de ciénaga (esto no existe realmente, pero tuve una pesadilla un día antes de volar a Lagos en que  salía lago parecido), y acabas volviendo sorprendido de todo lo que echaras de menos. Probablemente Nigeria sigue siendo tan complicada y difícil, pero el que has cambiado has sido tú.


Los últimos días en Nigeria fueron un poco raros, nos despedimos de todo el mundo gradualmente. Comimos sushi con nuestra amiga Rucha antes de que ella iniciara su viaje de cinco días que la llevó por tres continentes hasta su casa en Australia (cortesía de la aerolínea nigeriana Arik Air, "Retrasamos sus vacaciones"), de nuestro amigo canario indio Akshay que CASUALMENTE se pasó cada día de la última semana en nuestra casa y que se iba pronto cuando Isabela no estaba por allí, de Azahara, que me regaló un cuento titulado Mr. Pupas en honor a mis múltiples accidentes médicos durante todo el año...

Lo que más me impactó fue mi despedida de un amigo nigeriano, este amigo en cuestión es homosexual, y a pesar de que tiene un buen trabajo, con un sueldo decente (muy buen sueldo para la media nigeriana) y una independencia personal y económica completa, me contó que no podía aguantar más, que el próximo año tendría que casarse con una mujer o irse del país, donde se inventaría una mujer y un hijo ficticios. La presión familiar es tal, que cuando entras en la treintena (antes si eres mujer), tus familiares te acosan a un nivel que no podemos ni imaginar para que formes tu propia familia, y de la manera en la que ellos consideran correcta. De manera que muchos homosexuales acaban casados o con alguien al que puedan engañar, o con alguien con el que lleguen a algún tipo de acuerdo con el correspondiente riesgo de chantaje. Esto es menos complicado de l oque pueda parecer, especialmente para los hombres, ya que la sociedad nigeriana asume completamente que el marido terminará teniendo una o varias amantes.

Y la opción es dejar para siempre a todos aquellos que conoces y mudarte a un nuevo país y empezar tu vida de cero. Mientras que yo volvía con mi familia, mis amigos, mi novio y a un posible e interesante trabajo él se enfrentaba a dos alternativas igualmente difíciles. No supe muy bien qué decirle, le di un abrazo y le pedí que hiciese lo que hiciese, no se atase a algo que le fuese a hacerse sentir mal el resto de su vida.


Finalmente fuimos abandonando uno a uno el piso, Álvaro nos dejó el primero para hacer la primera de sus entrevistas, Simón y yo partimos un miércoles loquísimo en el que a él le cancelaron el vuelo, se nos inundó el baño, el dinero del alquiler no llegaba para pagar al casero y nos comimos tres horas y pico de atasco al aeropuerto, donde tuvimos que liar a la chica del mostrador de la aerolínea que finalmente nos dejó facturar gratis una maleta más a cada uno solo por no tener que esperar a un encargado (lo bueno de Nigeria es que a veces la gente no se toma lo de seguir las reglas tan en serio, sobre todo si hay algunas nairas de por medio). Benjamin, el suizo, se marchó el día antes de Navidad para estar con su familia y su chica, de hecho, fue la última en marcharse (imaginamos que se fue unos días antes de Navidad, pero a saber, porque corre por ahí la historia de ciertos becarios que dejaron a una muchacha en el piso y hubo que echarla cuando llegaron en enero a limpiar).

Y es que a pesar de todo, siempre es difícil dejar aquel lugar donde has sido feliz.


Y en algún lugar de esta semana la SEASON FINALE del blog. Nos leemos entonces y nos despedimos por ahora.

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