jueves, 11 de agosto de 2016

Dogma

Baba: Fórmula de respeto para dirigirse a un anciano o a una persona de edad más o menos avanzada. Ya que la esperanza de vida media en Nigeria es de 52 años para los hombre y 53 para las mujeres, una persona de esta edad ya puede recibir este apelativo fácilmente. En la sociedad nigeriana la familia tiene más peso que en la española, y el propio concepto de familia es mucho más extenso incluyendo, primos segundos y los hijos y padres de esos primos, incluso a vecinos del pueblo de origen del nigeriano en cuestión. Al nigeriano le encanta encontrar puntos de coincidencia con el extraño y se regocija, ya sea por la etnia, porque se viva en la misma ciudad, porque los nombres de ambos suenen parecido (como me pasó una vez en la que tuve que convencer a un tipo muy entusiasta de que había oído mal, y que yo me llamaba Guille y no Ige como él)... y, por supuesto, que tengáis al mismo Dios.





Nigeria es un país curioso en muchos sentidos, pero uno de ellos es su confesión religiosa, es difícil encontrar una nación en la que dos o más religiones tengan el mercado tan bien repartido. Especialmente cuando se trata de dos religiones que, históricamente, se han llevado un poco como el perro y el gato. Aproximadamente la mitad de la población se considera cristiana y la otra mitad musulmana, según quién haya elaborado la estadística el porcentaje es un poco mayor en alguno de los dos lados de la balanza. Geográficamente el norte es completamente musulmán, al igual que en algunas zonas del este del país, el cinturón central y el sur son mayoritariamente cristianos. Dentro de cada confesión religiosa los musulmanes son principalmente suníes, aunque también se encuentran corrientes más extremas, como de la que proviene el movimiento terrorista de Boko Haram.


Mientras, los cristianos son un poco más heterogéneos, aunque la mayoría es protestante, también hay una importante cantidad de católicos, especialmente entre las élites económicas y sociales del país, al igual que mormones, adventistas del séptimo día y otras corrientes que solo podríamos definir mejor como absurdas sectas sacacuartos. Lagos, situada en el extremo suroeste tiene mayoría cristiana, pero al ser la capital comercial nadie se quiere perder la fiesta y hay muchos musulmanes afincados en la ciudad, a los que se ve rezar en las calles o acudir a las mezquitas.  Es sorprendente para un salvaje que viene de un país en el que hay tradiciones como la de "los moros y los cristianos", en la que se conmemora como nos gustaba darnos los buenos días entre pueblos a garrote loco, ver que esta gente se pueda llevar tan bien. Especialmente teniendo en cuenta que en el norte del país hay un grupo terrorista musulmán que se dedica a atacar enclaves cristianos y a secuestrar niñas en las escuelas. En España nos montamos un "Isabel y Fernando" por mucho menos que esto, sorprende ver que la población nigeriano-cristiana sepa identificar que este grupo no representa a todos los musulmanes, nunca he oído a un cristiano poner a parir a los musulmanes (En Nigeria, en España una vez al día).



Lo que es más, Lagos se encuentra en una zona conocida como "Yorubaland"  en la que el culto Yoruba, del que provienen muchos cultos caribeños relacionados con el vudú, la santería y otras deidades menos mainstream que el Altísimo y El Grande, aún tiene una importante cantidad de seguidores en lugares como el bosque sagrado de Osun-Osogbo aún se rinde culto al panteón Yoruba.

Mi impresión es que tanto musulmanes como cristianos mezclan estas creencias originarias de África, con las religiones invasoras del norte (Aquí los musulmanes también vienen del norte, curiosidades de la geografía), de modo que compatibilizan creencias como el mal de ojo, las maldiciones o la santería con Mr. Alá y el Sr. Dios. Nada del otro mundo, cuando los cristianos se dieron cuenta de que eso de tener un solo Dios se quedaba algo soso, se sacaron de la manga a los santos para meter un poco politeísmo infiltrado. Alá y Yahvé comparten incorporeidad y Zeus y Dios larga barba blanca. Cuando Jesucristo se reencarnó, Buda puso sus ojos de hipster en blanco y dijo: "yo eso ya lo hacía antes de que molara".

Así que cuando mi chófer nos pregunta que de qué religión somos, no hay respuesta equivocada, excepto "ninguna". Ser ateo está visto como algo bastante raruno en Nigeria, para el nigeriano, y creo que el africano en general, es obvio y dogma de Fe que algo tiene que haber. No se plantea que este planeta sea una casualidad cósmica, y nosotros unos simios a los que se les fue la mano con eso del fuego y sin saber cómo acabaron creando el Pokemon Go. Y algo de razón tienen, a ver cómo les convences de que abejas, elefantes, cocoteros, oficinas de correos y cadenas de comida de pollo frito son solo casualidades. Alguien tuvo que ponerlas ahí, y esta explicación tiene mucho más sentido por sencilla que absurdas teorías de big bangs, amebas y monos, muchas veces el único motivo por el que me convenzo a mi mismo de que eso cuadra, es porque creo que la existencia es increíblemente aleatoria y absurda. Y un Dios creador sería demasiado sencillo. No cuadra con las incomprensibles leyes del movimiento de Newton (Insisto, si yo estampo un plato de suya contra la pared, la fuerza va en dirección a la pared, eso de que hay una fuerza igual en contra es superchería y brujería) las leyes de Mendel  de la genética o con la declaración de la renta.

Por eso, cuando Dari, mi driver, me cuenta que la cura para el sida ya ha sido descubierta por un nigeriano a base de hojas de mango pero que el gobierno lo oculta porque sería un desastre a nivel económico, a pesar de que va a la iglesia religiosamente cada domingo, no muevo ni una ceja. Bueno, quizá sí, para decirle que use condón a pesar de lo del mango, que nunca se sabe.




Y es que es muy divertido como las costumbres de otros lugares parecen muy locas, como la vez que fuimos invitados al 80 cumpleaños de una señora nigeriana y todo aquello nos parecía terriblemente marciano. Para empezar a la señora no la conocíamos de nada, pero su nieto decidió invitarnos igual. Y es que a los nigerianos les encanta tener lancos en la fiesta, da como caché, da que hablar y siempre puedes reírte de ellos y de su graciosa piel desteñida. El caso es que en Nigeria, donde la esperanza media de vida son los 52 años para los hombres y 53 para las mujeres, cumplir los sesenta es cosa sorprendente, los setenta cosa rara y los ochenta cosa sorprendente. Cada fiesta de conmemoración de decenio tiene que ir In crescendo en fastuosidad y coste, de manera que imagino que cuando alguien cumple 90 se declara fiesta nacional. El cumpleaños tuvo lugar en una carpa inmensa, decorada como para una boda de abolengo (De abolengo hortera, todo sea dicho, que los nigerianos tienen el mismo sentido del estilo que una urraca histérica y daltónica metida de MDMA), éramos 500 invitados y el buffet, que incluía especialidades nigerianas y, por alguna razón,  vietnamitas, era non stop. Podías comer hasta reventar y según iban llegando nuevos invitados, se servían o eran servidos por los más de 50 o 70 camareros que pude contar.

La música estaba a un volumen atroz (En Nigeria si no le estallan los tímpanos a al menos 14 invitados, se considera que el evento fue un fracaso) y la gente se levantaba para charlar en una u otra mesa en cualquier momento, para bailar o hacer lo que les apeteciera. Al final de la velada se regalaron bolsas con la cara de la agraciada, cuyo rostro también aparecía en la tarta de cumpleaños, en las botellas de agua, o en carteles serigrafiados por toda la sala. Todo el mundo iba vestido con el traje típico nigeriano, y de hecho, el que me mandé hacer a medida por treinta euros, recibió los cumplidos de al menos 17 nigerianos durante la velada (Gente desconocida que solo se acercaba para alabar mi indumentaria y hacerse una foto conmigo).


Pero sin duda el momento cumbre de la jornada fue la entrega del regalo. Previamente habíamos adquirido billetes nuevos y crujientes en la entrada, billetes que costaban más de su precio real, ya que es imposible encontrar nairas nuevas de otra manera (La mayoría de las nairas están tan sucias que hay gente que las coge con guantes, y algunas tan usadas que se puede ver a través de ellas). Al llegar nuestro momento nos acercamos a la homenajeada bailando, con los billetes en la mano, y fuimos tirándoles sobre el escote a la p bore mujer de 80 años en su silla de ruedas, como mandaba la tradición, un poco a lo Streep club del inserso. Una pobre chica tenía como labor ir recogiéndole los billetes del pecho. Después, con los billetes sobrantes, y al ritmo de la música fuimos tirándoselos a algunos de los familiares o al músico, que te preguntaba tu nombre y te cantaba con él.

A lo boda gitana.

Próximamente, en mi nuevo capítulo de Palabra de Nigeriano, descubriremos los orígenes de mi viaje a Nigeria y cómo rayos acabé y allí.

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