domingo, 13 de marzo de 2016

Crepúsculo / 1,2,3 Splash / Hermosas criaturas

Orisha u Òrìṣà: No, no me refiero al grupo de música cubano, de acuerdo con la religión yoruba son divinidades o semi-divinidades que previamente fueron humanas, cada una con sus propias características y habilidades/poderes. Esta idea del hombre que se convierte en Dios siempre me ha gustado, porque es verdad que los seres humanos somos criaturas fascinantes, fascinantes y extrañas.




La fauna de Lagos es variada y sorprendente. Su representante más característico es el lagarto Agama, el lagarto Agama es un bicho bastante simpático, completamente inofensivo a no ser que seas una mosca o un trozo de pan abandonado en el suelo. Mide unos treinta o cuarenta centímetros, tiene una cola larga y se mueve muy rápidamente. Es un bicho bastante esquivo y parece estar escondiéndose siempre, aunque también gusta de quedarse parado al sol cuando cree que nadie le mira. Estos lagartos son coloridos, normalmente en tonalidades naranjas, verdes y azules, aunque muchos tienen franjas grises, marrones o negras. Mi compañero Simón acostumbraba a decir que cuando se quedaban parados hacían dominadas, y es que por alguna razón al quedarse quietos estos lagartos flexionan una y otra vez las patas, levantando la cabeza, dando la impresión de que quieren mejorar sus abdominales. Estos lagartos acostumbraban a vivir en bosques y zonas de alta vegetación en toda África, pero cuando estos hábitats desaparecieron en distintas zonas, se adaptaron a vivir en las ciudades, como en el caso de Lagos, donde campan a sus anchas y le dan un toque de color al día nigeriano.



Pero no son los únicos animales que se pueden encontrar en Lagos; al estar cerca del mar los pájaros son abundantes, también se ve algún que otro caballo pequeño por las calles, los insectos dan para un capítulo aparte, desde las pequeñas hormigas que infectaban nuestro piso, hasta la ocasional y desagradable cucaracha, cuyas visitas se multiplicaban durante la época de lluvias. En algún lugar de la ciudad hay hombres que entrenan hienas y las tratan como animales de compañía, a pesar de que estos animales son mucho más grandes de lo que El Rey León nos hizo creer a todo, y más listos. Sin embargo, el principal depredador humano aquí en Nigeria y en la mayoría de África, apenas mide un centímetro y a veces ni eso; los mosquitos están en todas partes, y especialmente cerca de zonas con agua estancada, transmiten muchas enfermedades, pero la que es más grave allí es la malaria. Esta enfermedad mata a entre dos y tres millones de personas anualmente, la mayoría en África, curiosamente es una enfermedad que es fácilmente curable con el tratamiento adecuado, aunque puede dejar secuelas o convertirse en crónica, con las medicinas pertinentes, reposo y unos días de pasarlo mal, la malaria se supera. El problema es que mucha gente no puede permitirse acceder al tratamiento.



Respecto a los animales domésticos los perros son completamente inexistentes en la ciudad, ni perros callejeros ni perros mascota, simplemente no hay, o por lo menos no hay fuera de los puestos de comida callejera de las calles (La carne de perro, como en China, no es tan tabú como en Europa, y aunque nadie nos ofreció nunca, siempre oímos historias). Los únicos perros que vimos durante nuestra estancia en Lagos fueron aquellos de los expatriados que los traían de sus países de origen, normalmente perros de raza que raramente pisaban la calle de la ciudad.

Los gatos eran más numerosos, aunque no tanto como se pueda pensar, pero en nuestra querida urbanización, los 1004 states, muchos mininos delgados o más bien esqueléticos aparecían fugazmente de vez en cuando, especialmente cuando pasaba el camión de la basura. Estos animales eran aún más desconfiados y esquivos que el gato medio, lo que aumentaba nuestras sospechas de depredadores de dos patas con puestos de comida ambulante.

Además, en la urbanización podían verse pequeñas y delicadas garzas (O similar) que paseaban por el césped perezosamente, por las noches, pequeñas luces entre la hierba delataban la presencia de luciérnagas, que sobrevivían al nivel de contaminación de la ciudad. Pero en los 1004 states, los animales más exóticos y sorprendentes no poblaban la hierba de las zonas comunes, sino en esos edificios que parecían réplicas exactas del Hotel Boomerang del juego homónimo de Hasbro.



En primer lugar los dos tipos de empleados de la urbanización; los camisas rojas y los uniformes azules. Los primeros se dedicaban a limpieza y mantenimiento y nunca fui capaz ni de identificar a uno solo de ellos, eran tantos y todos vestidos igual que podrían haber cambiado a diario y nadie se hubiera dado cuenta. Sus labores principales eran mantener los jardines arreglados, limpiar la basura, adecentar las piscinas y las pistas de tenis y baloncesto, reparar desperfectos técnicos y, básicamente, pasear por la urbanización con unas escobas sin mango de tiras de corteza de algo, y agitarlas perezosamente haciendo como si barrieran. Si necesitabas cualquier arreglo necesitaban de unos 20 minutos para mirar el desperfecto, 20 para trastear y acabar dejándolo igual, y otros 20 para dejarte la casa tan sucia como pudieran.

Por otro lado estaban los uniformes de seguridad, nuestro cuerpo de seguridad, vestidos como soldaditos de plomo del famoso cuento popular, todos escuálidos y altos, con gorras de ascensorista y demasiadas horas de sueño encima. Rotaban por turnos de trabajo de 24 horas y a partir de las nueve de la noche había que entrar en el hall de los edificios de puntillas, para evitar despertarlos. De hecho más de una vez pillé a alguno de ellos durmiendo bajo la escalera o cambiándose de ropa en aquel hueco. Su sistema de seguridad era aleatorio; si entrabas en coche en la urbanización te revisaban el maletero, si entrabas andando podías hacerlo con un cadáver en una bolsa de deporte que nadie se daría cuenta.

Y luego estábamos los residentes; un 70% locales, con vestidos de colores o enfundados en trajes occidentales, un 10% indios con verdaderas manadas de niños que jugaban a perseguirse en los jardines, un 10% de latinos/nórdicos/americanos que procurábamos pasar el menor tiempo posible en el exterior y un 10% de chinos que quedaban para andar/correr al amanecer o con el crepúsculo.



Pero las criaturas más raras, terroríficas y espeluznantes de todo el 1004 estaban en el apartamento 304. En el primer dormitorio a la izquierda una criatura alta y rubia, de rasgos perfectos, que evitaba salir varias noches al mes, con bombas de humo brutales en cuanto sus compañeros giraban la cabeza, deseando de que no se dieran cuenta de que estas rajadas coincidían con la luna llena. Lo que se conoce como un Hombre lobo-vampiro.

En la segunda habitación por la izquierda habitaba un sireno, una delicada criatura que debía disimular su condición ocultándose varias horas en el baño e inundarlo de agua, para poder sacar su cola plateada al menos unas horas al día. Lo que no sospechaba es que sus compañeros conocían perfectamente su segunda naturaleza por las marcas de agua que dejaba a su paso y dirigían directamente a su habitación.



Finalmente, en la tercera habitación, vivía recluido un terrible monstruo, un hombre lagarto que cambiaba de tamaño y de piel cuando se enfadaba. De carácter variable y explosivo sus compañeros trataban de mantenerlo calmado dejando le hablar hasta que se agotara. A mitad del año incluso tuvieron que recurrir a la brujería local, preparándole una pócima que lo mantuviera estable, temiendo el día que pudiese explotar.

Y es que los seres humanos somos capaces de lo mejor y lo peor. Podemos ser terribles monstruos salidos de la peor de las pesadillas, y hermosas criaturas que conviertan en bello todo aquello que toquen. Y esas serán las siguientes dos facetas a tratar de la vida en Nigeria.

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