Vivir en Lagos es vivir en una isla dentro de una isla dentro de otra isla dentro de otra isla. Este sistema de muñecas rusas podría empezarlo en la isla perdida en el universo que es este nuestro planeta, pero no soy tan cursi, empecemos en África. África esta en el centro de todos los mapas, bien rodeada de sus otros colegas continentes, la Antártida debajo, Europa arriba, las dos Américas a su izquierda y Asia y Oceanía a la derecha, pero esta en el centro de poco más. Si alguien tuviera que situar países en un mapamundi, África sería el continente con más posibilidades de quedarse vacío, desiertos, selvas, montañas y ciudades... para el occidental-norteño-oriental medio África es tan solo una mancha marrón y verde entre océanos, el fin del mundo, Finis terrae. Es especialmente curioso que para los creadores del concepto del mundo conocido África fuera el primero en ser "descubierto" pero que suscitara tan poco interés durante siglos y casi milenios. Durante muchos años esto fue su salvación y África aguantó virgen e inexplorada, hasta que el resto del planeta se quedó pequeño, hasta que llegamos y la nombramos tercer mundo, por razones equivocadas, pero lo es, es un mundo aparte rodeado de un océano de mundo conocido. Para la mayoría de nuestros amigos, familiares y conocidos vivir en Nigeria es vivir en África, como un concepto abstracto, una vaga idea de selvas, elefantes, metralletas, machetes y ojos brillantes en rostros oscuros.
Pero Nigeria es otra isla, una isla dentro de la propia África. Para empezar su carácter angloparlante la separa de casi todos sus vecinos cercanos; Costa de Marfil, Togo, Níger, Camerún, Chad, república centroafricana, Angola, Guinea ecuatorial, Senegal... franceses, portugueses, españoles, belgas... tan solo la pequeña Ghana le hace compañía a este lado de África. Por otro lado tampoco disfruta de su carácter de postal africana como otros países, ni tiene hermosas reservas naturales (Alguna hay), ni desiertos puros de dunas infinitas, ni sabanas con jirafas perezosas y gacelas saltarinas. Aunque tiene sus rincones bellos y sus pequeños enclaves con encanto, Nigeria es pantanos y bosquecillos ralos en el sur, con una mayor vegetación selvaticopantanosa en la zona del delta del río Níger, salpicada de prospecciones petrolíferas. El centro es una meseta, que se va llenando de colinas suaves según se avanza a un norte cada vez más árido. Un paisaje al que se le podría sacar mucho partido, pero los caminos nunca son seguros, las carreteras malas y el transporte por ferrocarril casi inexistente y en todo caso, ineficiente.
Dentro de este amplio país (es aproximadamente el doble que España), las dos ciudades principales; Abuja, la capital administrativa, y Lagos, la capital comercial, son otras dos islas, al menos para los extranjeros. El resto del país es hostil y arriesgado, otra de las ciudades, Port Hacourt no ofrece ningún tipo de actividad para el expatriado, y más al norte de Abuja la actividad de Boko Haram deja fuera de toda posibilidad el viaje.
Entre el océano y la laguna es, en realidad, un conjunto de islas unidas por puentes y separadas por canales. Al Oeste las zonas de Surulere, Mainland, Ajengule y Apapa forman la tierra firme y el"centro" de la ciudad, si es que esta ciudad tiene un centro, barrios industriales cohabitan con barrios inmensos de chabolas, el barrio de makoko (Un mísero conjunto de balsas y casas flotantes construido directamente sobre la misma laguna), autopistas en mal estado, el aeropuerto en el centro de todo... otro mundo que el expatriado nunca podrá conocer en profundidad (Nunca después de caer la noche), tan solo a través de la ventanilla de su coche, camino a coger el avión.
Dejando a parte las zonas industriales de Festac town y Snake Island, al expatriado le queda el arenoso Lagos Harbour para pasar el fin de semana en la playa y ver petroleros y barcos encallados en la arena y los tres barrios de expatriados. Ikoyi es básicamente un apéndice de Lagos Island, centro inicial de la ciudad antes incluso de que ingleses o portugueses llegaran aquí. Lekki es un yermo arenoso parecido geográficamente al corredor del henares en Madrid, solo que rodeado de agua por el norte y por el sur en el que se mezclan polígonos industriales con condominios (Habrase visto palabreja más fea...).
Victoria Island, al igual que Ikoyi, es un batiburrillo de avenidas amplias de dos carriles y pequeños callejones de arena que las unen. Algunas calles están empedradas, otras adoquinadas, otras son de tierra amazacotada, otras asfaltadas en diversas calidades. Edificios altos (Quasi rascacielos) conviven con edificios bajos, comercios, fábricas abandonadas, restaurantes, edificios abandonados, hoteles de lujo, bloques residenciales, chalets ecuatoriales y un largo y absurdo etc...
El caso es que Lagos no parece un ciudad, parece como si alguien hubiera tirado al azar una serie de distintos juguetes de distintas marcas y fabricantes para que un niño jugara en el suelo. No hay una zona industrial, residencial o comercial completamente definida, y Victoria Island, a pesar de ser el lugar de residencia de la mayoría de los expatriados, no escapa de este caos estético. Lo más parecido que he visto en mi vida para que alguien que no lo haya visto se haga una idea es la ciudad ficticia de Babe, el cerdito Valiente 2.
Lagos es una ciudad irritantemente plana. Para mi, que estoy acostumbrado a disfrutar de las montañas cuando abro la ventana. esta ausencia de elevaciones es molesta, porque desde ningún punto se puede uno hacer idea de la magnitud inmensa de esta ciudad, solo se ve una continuación de edificios y más edificios desordenados hasta el horizonte y más allá. La ausencia de edificios altos, o de perspectiva para poder apreciarlos hacen que la ciudad sea aún más caótica y confusa para cualquiera que no haya nacido y crecido aquí. Diría que durante todo nuestro año en Lagos los tres llegamos a conocer, como mucho, un 7% de la ciudad, y que nos podríamos perder cualquier día hasta dentro de este pequeño porcentaje.
Su carácter isleño añade un extra de claustrofobia, pero no solo la isla es una isla, sino que cada manzana, cada casa es otra isla dentro de una isla. Para entender esto hay que hacer primero una descripción de lo que es una calle en Lagos. Quitando las dos o tres avenidas más principales hay que imaginar un trozo de asfalto en el medio (O de adoquines o tierra) sin carriles definidos, sin plazas de aparcamiento a los lados, con cables que cruzan por arriba (Y algunos cruzan la calzada, en varias ocasiones un viandante ha tenido que levantar un cable de electricidad que colgaba a la altura de las ventanillas para que pudiéramos pasar). Esta calzada no suele tener un límite definido, normalmente en cierto punto el asfalto se convierte en tierra o arena sin separación formal y empiezan los lados de la calle. Sobre estos arcenes se acumulan viandantes, escombros, basura y también empieza el primer frente comercial de la calle. Cada calle cuenta con decenas y a veces cientos de comerciantes; mujeres que venden comida preparada, vendedores de tarjetas de telefonía sobre una mesa de plástico y bajo una sombrilla, vendedores de ultramarinos, de gafas de sol, de cubiertas para el móvil, barberos, limpiadores de zapatos, corredores de apuestas, musulmanes rezando en plena calle sobre esterillas o pequeñas alfombras... todos rodeados de curiosos, charlando amigablemente (O discutiendo acaloradamente), todo sobre estas aceras de tierra inconstantes. Ya sea sentados en bancos de madera, de plástico, sillas metálicas, durmiendo sobre una carretilla, sobre un banco de madera o una nevera portátil estas gentes pasan el día (Y parte) de la noche en la calle.
El detalle final se encuentra detrás de la línea de comerciantes, lo que realmente convierte cada manzana en una isla son las alcantarillas, normalmente abiertas al exterior, y con un ancho que varía entre treinta o cuarenta centímetros y dos o tres metros, estos canales de agua no muy limpia (Pútrida sería demasiado exagerado, pero pastosa se quedaría corto) rodean la mayoría de los edificios de la ciudad. Las menos están tapadas por enormes bloques de piedra, aunque de cuando en cuando alguno falta y la mayoría se mueven al apoyar el pie en ellos, con pequeñas aperturas para que pase el agua. Cuando las alcantarillas son descubiertas, los laguenses pasan largos tablones de madera por encima,o escaleras metálicas, plásticos o láminas de contrachapado. Sobre ellas ponen sus puestos de comestibles o productos en venta. Sobre ellas se sientan a charlar al sol de la mañana o en la oscuridad de la noche.
Más allá de las alcantarillas empiezan los muros, todos los complejos y los edificios de oficinas tienen altas vallas, muros de dos, tres o cuatro metros coronados por concertinas de acero oxidado. De las alcantarillas, por encima de los muros, en las mismas aceras cuando hay espacio, crecen cantidad de plantas y árboles tropicales, especialmente cerca de los canales que separan las islas. Aquí todo crece con ganas y a lo bestia y sin ningún orden, la humedad ayuda, y aunque la tierra no es la mejor, y la locura constructiva del ser humano tampoco es una ventaja, la naturaleza se abre camino como puede.
Pero dentro de estos "compounds", de estos edificios, no se acaban las islas dentro de islas que conforman esta ciudad y este país, cada comunidad, cada grupo sectorial, cada grupo social vive bastante aislado en su vida social y la mezcla es compleja, especialmente con los locales.
Dentro de cada casa, de cada piso, de cada cuarto, cada uno teníamos nuestra isla particular.






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