Jaguda: Término Yoruba para ladrón, timador o estafador.
Ha llegado el día, después de tanto tiempo esperando por fin tenemos aquí el relato íntegro y completo de lo que sucedió la ya famosa noche del 28 al 29 de marzo de 2016. Pero recapitulemos un poco antes, ¿Qué sabemos hasta el momento de lo sucedido la citada noche? Sabemos que yo acababa de regresar de mi viaje a Kenya, sabemos que a la mañana siguiente los tres teníamos mucho sueño y no demasiadas ganas de hablar, sabemos que en algún momento alguien salió herido y que cierta cantidad de dinero pasó de unas manos a otras, y sabemos que tipo de elementos y elementas participaron en nuestra desgracia. Y por último tenemos el relato de Simón, en el que nos dejó en casa de nuestro jefe a media tarde y nos volvió a ver en mitad de la madrugada cuando tuvo que bajar a abrirnos y se encontró con un episodio de La Que Se Avecina.
Con todo esto ya solo nos queda rellenar los huecos ¿Qué pasó realmente aquel día?
DOMINGO 27, 23:30: Entro por la puerta del apartamento, me encuentro a Álvaro en la misma posición en la que le dejé; tumbado en el sofá, en ropa interior, con un cigarrillo en una mano y la tablet en la otra, pero ahora me asusto y pienso que me lo han cambiado; se ha rapado el pelo con desiguales resultados y está mucho más moreno, por un momento creo que un local se ha colado en casa y ha suplantado a mi amigo. Nos contamos nuestros respectivos viajes, yo vengo de Kenya, él de ver a su familia en Senegal. Me dice que nuestro jefe nos ha invitado al día siguiente a una barbacoa en su piscina. Nos renta. Me voy a dormir porque llevo todo el día viajando y estoy cansadete.
LUNES 28, 10:15: Hoy no trabajamos, es el lunes de semana santa y no hay que volver a la oficina hasta el martes. Nos desperezamos, desayunamos y quedamos con un compañero de la oficina para comprar unas botellas de vino y quedar bien delante del jefe. Yo estoy emocionado, el cocinero de mi jefe es uberconocido por la calidad de su trabajo entre los expats de Lagos y estoy deseando comprobar si es verdad.
LUNES 28, 12:30: Llegamos los tres, está nuestros compañeros de la oficina y cuatro o cinco españoles amigos nuestros. Uno ha traído ginebra, otro infinitas latas de cerveza, otro un tequila muy rico que... Hemos sido cero originales trayendo algo de alcohol. Pero da igual, nos tiramos a la piscina porque hace bien de calor y abrimos la primera cerveza.
LUNES 28, 14:30: Abrimos la quincuagésimo tercera cerveza. Toca comer. La ensalada está espectacular, la carne a la brasa no me cabe en la boca, el cuscus es delicioso y el postre es un coulant de chocolate con nata por encima, cuando lo parto, un río de chocolate sale extendiéndose por mi plato. Le pido matrimonio a Jerome, el cocinero. Me dice que no. Simón llega cuando estamos terminando de comer, está cansadísimo de 16 horas de viaje desde Tailandia pero se une a la fiesta.
LUNES 28, 19:40: No sé ni que hora es, pero no parece un lunes, sino un sábado de los buenos. Seguimos junto a la piscina, cuando decido que las cervezas tienen que realizar un viaje de urgencia fuera del organismo. Me pongo las chanclas mojadas y voy acelerando según aumenta la urgencia de mi visita al señor roca. Justo saliendo de la piscina, un charco de agua traicionero me hace resbalar, con tan mala suerte que me caigo casi de boca.
LUNES 28, 19:41: Estoy en el suelo, me he hecho lo que, en ese momento, me parece un pequeño corte sin importancia en el pie derecho. Afortunadamente nadie ha visto mi caída épica, voy hasta el baño y me realizo una cura de urgencia con papel higiénico, jabón de manos y unas servilletas que llevo en el bolsillo. Decido que el agua de piscina seguro que cicatriza y vuelvo para meter el pie.
LUNES 28, 22:50: Seguimos en la piscina, Simón se ha marchado en algún momento indeterminado porque no podía más, y mañana hay que ir a trabajar. Alguien nos propone que vayamos a tomar la última a un garito. Yo soy un chico muy bien mandado. No voy a decir que no.
LUNES 28, 23:11: Solo cuando veo el nombre del local me doy cuenta de que he oído hablar de este sitio, Troy es uno de los garitos de perdición más de perdición de todo Lagos. Efectivamente, 17 segundos y tres centésimas después de entrar por la puerta tenemos a cuatro cinco chicas (Una de más, por si hacen falta suplentes) colgadas del brazo y empeñadas en ser nuestras mejores amigas conocernos mejor encontrar su alma gemela cobrarnos mañana por la mañana. Nos compramos unos kebabs (En este pub venden kebabs, yo no hice las normas) y nos sentamos los nueve en la mesa. Llegados a este punto pasamos a lo que llamo "El juego de las mentiras". Ya que estas chicas solo nos van a servir mentiras y estar ignorando a alguien continuamente es muy maleducado, les pagamos con la misma moneda. La mía dice que se llama "Cindy", le digo que yo soy Álvaro, él contrarresta diciéndole a la suya, "Nancy", que él se llama Guillermo, Cindy dice que trabaja "en moda", Álvaro le dice que yo soy actor, yo le digo a Nancy que él es médico, Nancy ni siquiera trata de fingir que tiene trabajo (Al menos no uno fuera de este bar), le pregunto a Cindy sobre qué tipo de trabajo tiene en moda, me aclara que estudia moda, le pregunto que dónde (Desafortunada ella no sabe que ese mismo mes he estado haciendo un estudio sobre las principales escuelas de moda en Lagos para un cliente), no sabe qué responderme, y se ríe y dice que soy imposible. Pierdo interés, yo esperaba poder hacer un interesante relato de cómo era la vida de una chica que tenía que dedicarse a la prostitución, pero me encuentro que hay que seguir el juego de las mentiras y mantener el paripé hasta el final, cuando vuelvo a escuchar la conversación general Álvaro le está diciendo a Nancy que fue futbolista profesional en el Sporting de Gijón, pero que se retiró.
MARTES 29, 01:15: Llevamos poco menos de dos horas en el Troy y yo no puedo más, a pesar de que tras la conversación inicial las hemos ignorado completamente, las chicas siguen encima nuestro. Que si queremos ser sus amigos. No. Que si queremos bailar con ellas. No. Que si las invitamos a una copa. No. Que si las llevamos a casa. No. Mientras, el bar se ha ido llenando de señores maduros, en su mayoría blancos, que están sentados con sus propias Nacys y Cindys.
MARTES 29, 01:34: Por fin, nuestro amigo decide que es hora de irse a casa, que mañana hay que trabajar. Las chicas nos han seguido hasta el parking, pero yo señalo atrás, les digo que hay un mono de tres cabezas y cuando están distraídas me meto en el coche y cierro el seguro. Desgraciadamente, a Álvaro no se le ocurre lo del seguro, y las chicas tratan de entrar tras de él. Una consigue subirse al asiento del copiloto y le pide al amigo que nos lleva a casa que si las podemos acercar a la parada del bus. Por alguna razón a nuestro amigo le parece buena idea, y un segundo después estoy en un coche de cinco plazas con mis dos amigos y cuatro prostitutas, la chica restante trata de subirse pero se queda en tierra. Yo me la imagino como el T1000 de Terminator, esprintando detrás nuestro y convirtiendo sus brazos en lanzas de acero para clavarlas en el maletero... pero claro, eso no pasa. La última actualización de las mujeres de vida alegre de Lagos aún no llevan aún ese parche.
MARTES 29, 01:45: Afortunadamente nuestra casa queda cerca, llegamos enseguida y Álvaro y yo nos hacemos camino entre tacones, minifaldas y pelucas y conseguimos alcanzar el exterior. Llegamos a la primera verja de seguridad, saludamos a los guardas como siempre y escuchamos el coche arrancar a nuestras espaldas. Cuando nos giramos, vemos como dos chicas saltan del coche medio en marcha (Cindy y Nancy, para más señas). Para nuestro terror absoluto se ponen a seguirnos. Le decimos a los guardias que no les dejen pasar y a las chicas que se vayan a casa, que no queremos nada. A los guardias se la refanfinfla y a las chicas más. Se ríen y se ponen a hablar entre ellos en lengua slocales, tratamos de marcharnos de allí, pero las chicas (Y los guardias) se dedican a seguirnos. Llegamos al segundo control, sucede exactamente la misma cadena de acontecimientos, ahora nuestra comitiva la formamos nosotros dos, Nancy, Cindy y cuatro guardias de seguridad. Álvaro y yo empezamos a preocuparnos, no queremos que toda esta gente nos siga a casa y sepa dónde vivimos, decidimos echar a andar cada uno para un lado. Yo echo a andar y poco después a correr, un minuto después, agazapado tras un coche, veo que Álvaro ha tenido menos suerte que yo, en vez de dividirse, toda la comitiva ha decidido seguirle a él.
MARTES 29, 01:52: Llego dando un rodeo hasta nuestro edificio, me extraño porque no hay nadie en recepción, ya que suele haber siempre alguien, veinticuatro horas. Cojo el ascensor, llego hasta nuestro piso y voy corriendo hasta la puerta dejando para luego el rescate de Álvaro. Llego a la puerta, meto la llave, no puedo abrir. Está bloqueada porque Simón ha dejado la llave echada por dentro. Maldigo en arameo, grito el nombre de Simón y golpeo la puerta mientras pienso en todas las maneras en las que voy a asesinarle. Por supuesto no me oye. Decido que no sé qué hacer. Y que mejor volver a por Álvaro. Cuando el ascensor me deja abajo, el de seguridad ha vuelto a su puesto, se descojona y me dice que mi amigo necesita mi ayuda, y me señala a las escaleras. Decido volver a subir por el ascensor para atajar. Cuando llego Álvaro les está gritando a los seguratas y a las chicas. Ellas, que en el bar eran todo dulzura y risas, ahora se han convertido en dos arpías de la mitología clásica. Los seguratas no hacen ningún intento de resolver nada, hasta que las chicas pasan a la acción, una coge a Álvaro del pantalón, y la otra le agarra de la mochila. Empiezan a gritar que nos hemos propasado con ellas en el bar, que las hemos engañado para venir aquí y que ahora no queremos darles su (¿?) dinero. Los guardias solo se ríen (De nosotros). Me meto también al lío, les digo que nadie les ha dicho que vengan y que se vayan a su casa. Pasan de arpías a Godzilla y King Kong, hay un forcejeo. Los guardias solo intervienen cuando nosotros tiramos de la mano de una de ellas para que suelte la mochila de mi compañero, intervienen para decirnos que las dejemos en paz. Alucinamos. Cindy intenta clavarme las uñas en la mano, Nancy morderme, el pantalón de Álvaro se rasga, el da un tirón más fuerte a su mochila, Cindy se resbala, Nancy dice que la estamos pegando, Cindy y Álvaro agarran ambos las llaves de casa, el segurata me agarra de un brazo, Nancy del otro, los otros tres guardias se ríen, empezamos a gritar, y finalmente, Simón se despierta, baja las escaleras, y cuando abre entramos los ocho hechos un ovillo.
MARTES 29, 02:02: Al entrar, Nancy me pega, primero un cabezazo en el labio, y luego una patada en el pie derecho. Y es en ese momento en el que me doy cuenta de que lo que tengo no es un pequeño corte. Veo las estrellas de Hollywood, del firmamento y las de Michelín todas juntas. Apenas puedo apoyar el pie, y cuando miro para abajo veo que estoy sangrando y dejando manchas en el suelo, y que de hecho me falta un trocito de pie. Yo no me he dado cuenta, pero una de las rejas del sumidero de la piscina de mi jefe me ha rebanado un pinrel, y mañana, cuando limpien en su casa, alguna asistenta recogerá un trocito de piel con algo de carne del suelo. Mientras tanto Álvaro ha conseguido librarse de Cindy, y esta, en venganza, tira su móvil al suelo y se rompe una pulsera y nos acusa de haberles atacado y haberles roto sus cosas. Solo ahora los de seguridad se ponen serios. Ellas dicen que van a llamar a la policía, los guardias dicen que les paguemos un pastón en nairas y que nos olvidemos del asunto. Les decimos que a su casa. El policía llega tan deprisa que por un momento sospecho que estaba esperando ya detrás de la puerta. llega con una metralleta casi tan alta como él, y la camisa saliendose del pantalón, como si acabara de despertarse de una guardia.
MARTES 29, 03:10: Una hora después, estamos tratando de negociar. Álvaro trata de usar la vía de la razón, trata de explicarles a los seguratas y al policía (Que solo quieren llevarse tajada) que nosotros no les hemos prometido nada a estas chicas, y que somos unas víctimas de la situación. Simón quiere que les demos su dinero y que nos vayamos a dormir, que no vamos a arreglar nada y que quedan cuatro horas para ir a trabajar. Yo me convierto en Hulk y me pongo a gritar que fuera de mi casa, que no tienen derecho a estar allí. Ninguna de las tres técnicas acaba de funcionar, yo me niego a pagar, el poli quiere más dinero del que quiere darles Álvaro, y Cindy me quiere meter las uñas en los ojos. Lo intentamos todo, desde fingir que llamamos a nuestro jefe (Que debe llevar horas durmiendo en su casa) y que cuatro polis de la embajada (Que no existen) van a venir a llevárselos a todos hasta tratar de convencerles de que hay un mono de seis cabezas fuera. Pero no hay manera. El poli decide que se acabó, y que vamos a pasar la noche en el cuartelillo (Donde el soborno para salir será el doble que en ese momento). Entre los seguratas y el poli convencen a Álvaro de salir fuera y allí le agarran y tratan de llevárselo. Simón decide que esto ya es suficiente, y sube a por el dinero, en cuanto oyen el rasgar de las nairas a todos se les pasan los males. Las chicas dejan de fingir cojera, los de seguridad ahora son todo sonrisas y se van todos juntos a repartir nuestro dinero. Yo me voy a la cama enfadado porque hayamos cedido y doy un portazo.
MARTES 29, 07:00: El despertador suena, me quiero morir. Recuerdo la noche "anterior". Me quiero morir muy mucho. Recuerdo que le debo 20.000 nairas ayer por pagar la "fianza" de Álvaro. Me quiero morir muy fuerte.
Y así, amigos y amigas es como finaliza el relato de la noche más vergonzante de todo nuestro año en Lagos. Lo bonito es que aprendí varias cosas:
- NO hay que ir a ciertos garitos a ciertas horas en Lagos. Como dicen en una de mis series favoritas "nunca pasa nada bueno después de las dos de la madrugada".
- NO hay que fiarse nunca de los guardias de seguridad, los único que los distingue de aquellos que están al otro lado de su verja, es que dentro de sus límites, ellos son los únicos que tienen derecho a timar a nadie. De la policía ni hablamos.
- NO hay que jugar al "juego de la mentira" con las chicas que ejercen la prostitución en Nigeria. Esto podría parecer de cajón, pero después de unos meses aquí el hecho de ver prostitutas no es algo raro o decadente, es simplemente el pan de cada fin de semana, no hay una sensación de estar entrando en un sitio poco recomendable, porque en Lagos, a partir de cierta hora, casi todos lo son. Pero no hay que olvidar que estas chicas siguen siendo prostitutas, están trabajando, y solo hablar con ellas o seguirles el rollo (Tampoco es que no se pueda dirigirles la palabra, pero un educado "no" desde el segundo uno es lo mejor) ya es "utilizar sus servicios" en cierta manera. Porque parte de su trabajo es hacer que sientas que alguien te hace caso en un bar, y hasta en mi caso, con un 0% de posibilidades de acostarme con ninguna, y aunque me de vergüenza admitirlo, eso me engorda el ego. Que sí, que están ahí porque esperan ganar algo aunque tengan que utilizar los métodos más rastreros posibles, no porque les parezcas minimamente interesante. Pero así es el ser humano, necesita sentirse querido.





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