Tal y como comenté al principio de este blog, ni la impresión de Nigeria es la misma cuando uno llega, que cuando lleva seis meses, o un año (o veinte, pero esa gente ya pasa a otro nivel que algún día mencionaré), porque ni uno es ya el mismo, ni Nigeria es la misma. En parte porque es un país grande, pero no solo a nivel geográfico, sino a nivel contrastes y experiencias a encontrar. Por ello doy paso a la segunda entrega de la trilogía nigeriana, en la que explico cómo el extranjero se siente respecto al nigeriano, y como el nigeriano le toca a uno más o menos los huevos según el tiempo que nota que el extranjero lleva en el país:
- Primary Colors / Criadas y señoras
- The Wire
- Black-ish / El Príncipe de Bel-Air
Mi chofer se llama Dari. Dari tiene treinta y pico años, es decir, apenas unos cuantos más que yo, pero él ya tiene mujer y tres hijos y tiene que mantenerlos y esas cosas, mientras yo juego a la nueva Nintendo 3DS. Dari vive en un lugar no definido en la zona interior de Lagos, no sé exactamente dónde porque para ser conductor es bastante negado dando indicaciones, pero sé que tarda unas dos horas en llegar, y que normalmente llega a mi urbanización en torno a las seis y media, a pesar de que no le necesitamos hasta las ocho porque el tráfico de Lagos es tan terrible a esas horas que sale de casa en torno a las cuatro y media de la mañana para no comerse un atasco del copón (O eso nos dice). No sabemos muy bien cómo es la casa de Dari, porque las referencias que hace a ella son muy vagas, sabemos que hay una televisión, y también que los días buenos tiene cuatro o cinco horas de electricidad. También sospechamos que pueda no tener agua corriente, porque muchos días Dari huele bastante mal, aunque teniendo en cuenta el calor de Lagos, lo abarrotado de los autobuses con los que llega hasta nuestra casa y la ausencia de aire acondicionado, yo mismo llegaría oliendo a rayos, teniendo en cuenta mi capacidad para la sudoración excesiva.
Cuando ha tenido horas de electricidad (a veces ni siquiera tiene suministro eléctrico) llega a su trabajo sonriente, y de buen humor, hace chistes, bromea con nosotros y nos cuenta como su bebida preferida es la Maltina (bebida de malta sin alcohol, osea, cerveza sin la parte divertida y con un sabor dulzón, de hecho hay un anuncio en la televisión que se repite machaconamente en el que le dan maltina a una niña). Dari dice que no bebe alcohol porque eso sería "to awake the tiger". No sabemos qué hace el tigre cuando se despierta, pero imaginamos que poco, porque Dari es más un cachorrito de koala. Luego están los días malos, viene malhumorado y se pasa el día de morros, o viene directamente enfermo (Dari tiene, o dice tener, como muchos nigerianos, malaria crónica y sufre achaques de vez en cuando), nos pide adelantos de sueldo o se queja de lo mal que lo tratamos (que para nada).
Todo esto lo cuento no solo para rajar de la vida de Dari, que también, sino para explicar un poco la sensación que tiene uno, tras cierto tiempo en Nigeria (Pongamos seis meses), uno tiene la sensación de estar librando una batalla campal contra el país y sus gentes, en la que uno tiene siempre las de perder. Esto podría dar la idea de que los nigerianos son gentes de baja catadura moral y bajos instintos primarios, de hecho tienen muy mala fama entre el resto de vecinos de África del oeste llegando a tenerles verdadero miedo en algunos casos. Pero no, los nigerianos no son peores o mejores personas que los demás. Son personas, y este sustantivo viene con una serie de cosas bastante malas, y una serie de cosas bastante buenas.
De ahí la historia de mi driver, Dari tiene un nivel de vida que yo consideraría una mierda en España. Pero probablemente esté por encima de la media en Nigeria. No le puedo pedir a alguien que vive así que tenga la misma idea del mundo que yo. ¿Qué tiene que perder alguien que me estafa con el arreglo del coche, con la comida que he pedido en la playa, que está dispuesto a asaltar mi coche si cojo la salida equivocada en la autopista? Aprovecho para recordar una vez más la poca confianza que se tiene en Nigeria recurrir a algún miembro de los agentes de la ley? Muchos van vestidos de una forma un poco penosa y dudo que muchos sepan bien como disparar un arma o si la que llevan está cargada, y los que sí probablemente tengan más que ganar poniéndose del lado de mi atracador que del mío.
Pensamos que no, porque estamos acostumbrados a vivir en un mundo con normas y en el que las cosas funcionan (pasablemente) bien sin matar a nadie, pero posiblemente cualquiera de las personas que te cruzas en España en el día a día sería capaz de matarte con los motivos y la oportunidad adecuada. Quizás sea esa ancianita adorable del cuarto derecha a la que le dijiste que tenía que sacrificar a su gato porque se colaba en tu casa y teníais un bebé, quizás incluiría el cianuro como ingrediente secreto en esas rosquillas que te hace cada Navidad. Quizás sea tu mecánico, al que le hiciste cambiar la rueda equivocada del coche tres veces aunque en realidad eras tú el que se equivocó al decirle el lado, quizá tus frenos aparezcan cortados después de esa revisión completa que le haces al coche antes de irte de vacaciones a los Alpes. Quizás sea ese técnico de la hora, al que le measte la moto después de que te dejara cinco facturitas en el parabrisas del coche, quizá te golpee hasta la muerte con su datáfono de poner multas una noche al volver a casa. Y tu gato, tu gato siempre está pensando en cómo matarte.
Pero nosotros vivimos en un mundo en el que tenemos mucho más que perder si nos ponemos tontorrones, y además tenemos mucho más que ganar si hacemos las cosas bien. Quizá no tengamos el sueldo millonario que pensábamos que conseguiríamos con nuestros seis máster y dos doctorados, quizás nos crezcan las caries como enanos en la boca a pesar de haber cuidado los dulces y los cepillados, pero al menos tendremos un hospital al que ir. Quizás perdamos ese juicio injustamente porque el otro tenía un mejor abogado, pero al menos podemos ir a Sálvame o a Espejo Público a contarlo.
Se oyen bastantes comentarios racistas por parte de los expatriados del tipo "todos los morenos son unos ladrones". Algo que sonaría horrible en España, pero que en Nigeria parece refrendado por la experiencia, porque, efectivamente, parece que a cada nigeriano al que le das la mano, te coge el brazo. Es un error pensar que SON así, no es cierto, si es verdad que viven en un mundo en el que el éxito y la supervivencia rara vez provienen de ser perseverantes, o insobornables, o trabajadores. Viven un mundo en el que el cortoplacismo, el dinero bajo mano o la mentira garantizan, al menos, la supervivencia (si alguien ha pensado "oiga, pero esto en España... ¿no es un poco así también?" es normal, como digo, los norteños no tenemos mucho que presumir de nuestros vecinos del sur).
A ver quién es el valiente que baja a decirle a esta gente que el trabajo duro y la integridad moral son las únicas claves del éxito. Aunque, bien pensado, hace unos doscientos años les convencimos de que estaban en el mundo, básicamente, para servirnos. Podríamos usar nuestra (supuesta e inexistente) inteligencia superior y capacidad de manipulación (esta igual sí que sí) para el bien. Por una vez.



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