lunes, 9 de enero de 2017

Memorias de África

Saudade: nostalgia, añoranza. Vocablo de difícil definición incorporado al español y empleado en portugués y en gallego, que expresa un sentimiento afectivo primario, próximo a la melancolía, estimulado por la distancia temporal o espacial a algo amado y que implica el deseo de resolver esa distancia. A menudo conlleva el conocimiento reprimido de saber que aquello que se extraña quizás nunca volverá. 


Manuscrito encontrado recientemente en un cajón ajado, fechado el 9/01/2017 en un trozo de hoja de mango en el fondo de una maleta, con un trozo de plátano frito pegado en el reverso. Después de tumbarme en mi sofá de catorce plazas y apagar el holotelevisor, me dispongo a leerlo con un bol de tres litros de helado desgrasado 0,004% calorías por metro cuadrado marca Azahara's Emporium (Mojo el trozo de plátano en el helado, el cual ha cogido un regustillo curioso en estos últimos 20 años). El manuscrito dice así:

El tiempo es una cosa curiosa, un año atrás estaba a punto de iniciar un viaje a lo desconocido y me enfrentaba a un número infinito de posibilidades. Hoy, 365 días después, el número de posibilidades  respecto a mi futuro sigue siendo infinito, pero en lo que se refiere al pasado, a mi año en Nigeria, se queda en cero. La historia ya está terminada, el regidor ha echado el telón, no se escribirán más líneas para los diálogos, ni más tramas alternativas, y los personajes se ha dirigido a sus diversos "y fueron felices y comieron perdices".

Pero aún así quiero realizar un último acto de vana melancolía, de introspección metafísica, un repaso a aquellos momentos que no tuvieron suficiente entidad como para protagonizar un post entero, pero que quiero sacarme de dentro. Así que no temas, oh hipotético lector, que esto no es un nostálgico y triste epitafio, sino un ligero y banal "10 COSAS QUE NO SABÍAS DEL AÑO DE GUILLE EN NIGERIA, La número #5 te sorprenderá."



1-Nuestra primera noche en el Apartamento Para Tres del 1004 States

Si tengo que ser sincero, dudaba muy seriamente de que mis dos compañeros fueran a tener algo que ver conmigo, cuando les conocí la primera vez cuando fuimos a recoger el pasaporte de servicios me parecieron un poco repelentes (a saber que les parecí yo). Me pasé las seis horas de vuelo sentado incómodamente a su lado tratando de encontrar un tema de conversación común y calculando las posibilidades de encontrar un piso para mi solo. Pero después de la primera noche de confidencias, esperanzas y del inicio de lavado de cerebro de Simón para convertirlo en un soldado descerebrado a sacrificar en la causa del feminismo radical, resultó que nos llevaríamos muy bien durante el resto del año. Y es que Lagos es un destino en el que es importantísimo llevarte bien con los compañeros, ya que vas a pasar 25 horas al día a su lado.

2-El día que vi el Lago Victoria desde el cielo

El lago Victoria se extiende en una superficie de casi 70.000 metros cuadrados y se encuentra en la triple frontera de Kenia, Uganda y Tanzania. es más grande que Burundi y Ruanda juntos y es inexplicable lo inmenso que es, es como un mar interior del que no ves el final, rodeado de montañas por varios lados. Verlo desde el avión impresiona porque es como un océano en miniatura del que puedes ver todas las orillas a la vez. A menor escala está la laguna de Lagos, de la que, desde el tercer puente de Mainland tampoco puedes ver el final, y parece que estés mirando el mar abierto. Mi consejo es aprovechar cada pequeño momento que tengas, para mirar más allá de la basura y la miseria, para poder ver la belleza de África.

3-La vez que salí huyendo de la policía

Volviendo de mi sexto chute de antibióticos, (esta vez la enfermera me tuvo que pinchar seis veces hasta que me encontró una vena en buen funcionamiento), caí en un control de la policía. Había cambiado mi tratamiento ambulatorio de dosis de antibioticos de manera que, en vez de a la una de la madrugada, pudiese ir a la clínica a las diez y media de la noche para evitarme problemas. Esto fue un error, ya que a esa hora los policías de Lagos saben que los expats vuelven de cenar y aprovechan para pararles y sacarles unas nairas, mientras que de madrugada y a diario las calles de Victoria Island, suelen estar ya desiertas (no queda nadie a quien robar). Si bien es cierto que me había saltado un semáforo (un  semáforo fundido) y que mi carnet internacional no valía en Nigeria (que por lo visto internacional no significa TODOS los países, mire usté qué cosas) yo consideré que no estaba haciendo nada malo, y como los policías que me pararon (uno poniendo su moto delante de mi coche, y el otro gritándome por la ventanilla) no llevaban armas y parecían más bien agentes de tráfico que superagentes con licencia para matar, decidí aprovechar que el de la moto cambiaba de posición para no seguir aguantándola y coger las de villadiego. Esto demuestra que Lagos entrena perfectamente en la detección y evaluación de riesgos.

4-La tormenta que casi me cuesta la salud

Aquel día de playa comenzó como uno normal, aún era muy pronto para el inicio de la temporada de lluvias, pero el cambio climático también se deja sentir en Nigeria, así que fuimos viendo como las nubes iban formando una terrorífica espiral de tormenta que se fue acercando poco a poco. Arriesgamos mucho, y en vez de quedarnos bajo el tejado de tela de la palapa (no muy resistente, pero en tiempo de guerra cualquier agujero es trinchera), decidimos jugárnosla. Excepto Álvaro, que fue el único previsor y se llevó un impermeable, los demás acabamos empapados, aunque tratamos de cubrirnos con las toallas, bolsas y la ropa. Aquí perdí mi móvil número 2 del año. El 1º lo perdí durante una carrera popular en la que nos cayó otro aguacero y aunque guardé los móviles de todo el mundo en mi bolsa, el mío quedó arriba y se sacrificó por el equipo. El 3º se quedó en mi mesilla de noche junto a un vaso de agua que Simón me trajo mientras deliraba por la fiebre causada por la neumonía, y al despertar la condensación había creado un charquito en el que se bañaba mi smartphone. El 4º lo tiré  se me cayó al mar. Con esto quiero decir que aunque la tónica ideal en Nigeria sea un sol abrasador, ojito con la temporada de lluvias.



5-El hombre al que vi como azotaban en público a latigazos

Una de las últimas semanas, mi amigo Bernat y yo íbamos a coger el barco para ir hasta la cercana playa de Tarkwa, este barco salía de un pequeño terreno que pertenece a los militares. Aquel día nos encontramos de unos seis o siete oficiales en uniformes verdes rodeando a un hombre con el torso descubierto. Los militares le golpeaban con unos pequeños látigos y le gritaban "pray better", pray better" mientras el pobre hombre les rogaba que pararan. Bernat me miró, como preguntándome si podíamos hacer algo. No hicimos nada. Es verdad que no sabíamos si aquel hombre había hecho algo o no, pero nos parecía igualmente cruel, sabiendo que es relativamente habitual que gente apresada por la policía "desaparezca" en Nigeria, me pregunto qué sería de aquella persona. No hay que olvidar que Nigeria, a pesar de las medidas de seguridad de las que disfrutamos los expatriados, y de lo bien que lo pasamos siempre los becarios de allí, sigue siendo un lugar peligroso en el que hay que tener cuidado.

6-Mi primera clase de salsa

Cuando Azahara nos convenció a Simón y a mi para ir a clase de salga fui más por hacer amigos que por otra cosa. Fui el primer sorprendido cuando me dejé arrastrar cada miércoles durante varios meses a aprender los cuatro únicos pasos que fui capaz de controlar. Pero merecía la pena ir solo por ver como mis compañeros de clase nigerianos se movían por la pista. A parte de eso jugaba a baloncesto los mismos miércoles, salí a correr, iba al gimnasio, al cine a ver pelis de superhéroes o comedias cutres, a la piscina, hasta escribí una mierda de blog... en Lagos hay que mantenerse entretenido, da igual si te gusta el fútbol y el tenis, como a Álvaro, el baile y la cocina, como a Azahara, la navegación y los videojuegos, como a Simón, el Catán y... el Catán, como a nuestro amigo Karam... lo importante es estar activo y aprovechar las mil opciones que ofrece Lagos, que son más de las que parecen.

7-Mi primera agenda comercial

Me aterraba que llegara este momento, voy a confesar que en uno de mis primeros trabajos mi labor era responder llamadas de clientes enfadados (todos mis clientes eran clientes enfadados, porque aquella empresa no era muy de fiar). Así que desarrollé un trauma a la hora de coger y recibir llamadas que me acompañaría el resto de mi vida. Así que no ayudó mucho que en Nigeria para contactar con alguien necesitaras una media de cinco llamadas (dos darían número erróneo, otra comunicaría, otra te pondría en contacto con una tercera persona y la cuarta sería alguien que te diría que ese ya no era el teléfono de la persona a la que tu querías contactar, te daría otro teléfono de contacto y así repetirías el mismo proceso). Al final hasta acabé cerrando visitas en persona a pesar de mi miedo irracional a tratar con otra gente. A pesar de que desarrollé episodios de ansiedad por culpa de la agenda finalmente las empresas me valoraron con la puntuación máxima, y aunque esa puntuación no le importa a nadie, yo la guardé y la saco de vez en cuando, cuando hay algo que siento que no puedo hacer.


8-La noche en el desierto de Senegal

El desierto de Senegal es un poco de pega, apenas unas dunas cerca de la frontera con Mauritania (donde sí que saben de desiertos de verdad). Pero a pesar de ello, he visto pocos paisajes más bonitos en mi vida. Los que tuvimos la suerte de leer El Principito de muy pequeños lo vivimos de una forma muy distinta (he oído que si lo lees ya talludito es un coñazo infumable). Y aquel desierto que escondía serpientes y zorros, aquellas estrellas llenas de reyes, borrachos y astrónomos y sobre todo, los baobabs, cumplieron uno de mis sueños de la infancia, viajar a un libro. Quizá fue porque hice le viaje con mi churri, y que salimos juntos a dar una vuelta por las dunas al amanecer, pero me pareció uno de los lugares más románticos de la tierra. ¿La enseñanza aquí? No solo la exuberancia es estética, también la ausencia y la escasez tienen su propia belleza, y África tiene de ambas cosas en demasía.

9-La última partida de Catan

Quizá el momento más triste del año. Está fue la verdadera despedida, un par de días después abandonaríamos el piso de 1004 y nos mudaríamos al nuevo piso y ya nada sería lo mismo. Ese día despedimos a nuestro amigo Karam, quinto (Azahara era la cuarta) habitante honorífico del piso para tres. Quiero pensar que yo gané la última partida, y que eso me convirtió en el maestro supremo del Catan de una vez por todas, puesto siempre en competición entre Álvaro y Karam. Que si la primera semana que Karam apareció por casa día sí, día también pensé en maneras de echar a aquel gorrón que proponía que nos fuéramos a clús de streaptease en cuanto la conversación decaía, pues sí, no lo voy a negar. Pero el día que se fue, tras nuestra última partida de Catan lo sentí como el que más. Y es que no hay nada como encontrar a buenos amigos, para que te apoyen en los peores momentos y te echen una partida de catan cuando está diluviando fuera.

10-Volver

Porque conseguir reponerme de la enfermedad y volver a Nigeria, aunque fuera una semana era importante para mi, muy muy importante para mi. Probablemente me hubiera llevado una gran desilusión si no lo hubiese logrado. Era algo autoimpuesto y un poco artificial, porque podía haber seguido mi vida felizmente sin volver y me hubiera llevado la beca calentita para casa aunque me hubiera quedado en España. Pero no quería acabar el año con un fracaso más, y cuando logré volver para los dos últimos meses fue como sí hubiese sacado un 10 en Financiación a Largo y Medio plazo, como si me hubiese elegido para Nueva York en plaza multilateral, como si me hubiesen llamado para Google en segunda fase, con 60 días de vacaciones, dietas y coche de empresa. Y es que eso es lo más importante que te enseña Nigeria, es el destino de las expectativas bajas, pero en el que acabas logrando mucho más de lo que te hubieses imaginado sin darte cuenta.

Y sin haberlo deseado me ha quedado un buen decálogo de consejos para la próxima generación de becarios, a los que, si están leyendo esto, les deseo mucha suerte, y que se lo pasen al menos la mitad de bien que nosotros. Aquí ya hemos acabado, recogemos amarras y viajaremos a mares menos profundos y peligrosos. ¡Nos leemos en la próxima aventura!

PD: BIBLIOGRAFÍA (más importante y recomendable) UTILIZADA EN EL BLOG

  • El blog de Elena y Julia: Nadando en Lagos http://nadandoenlagos.blogspot.com.es/
  • El blog de Javi y Pablo: Un paisano en Nigeria /http://unpaisanoennigeria.blogspot.com.es/
  • My Nigeria, Peter Cunliffe-Jones
  • Ébano, Ryszard Kapuscinski
  • La siempre útil wikipedia
  • The Thing around your neck, Half of a Yellow Sun y Americanah, Chimamanda Ngozi Adichie
  • Cloth Girl, Marylin Heward Mills
  • Las historias y vidas de todos aquellos nigerianos y no nigerianos que he conocido este año y que me han permitido contar sus maravillosas (y a veces terribles) historias.
                                                                         ¡GRACIAS!

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